Dos modos de hacer filosofía se tocan en innumerables ámbitos del quehacer filosófico. Un modo pensará en tradición y otro en sensibilidad. Tradición vista como aquello que se nos ha heredado, aquello que la historia nos ha transmitido de una u otra manera. Sensibilidad pensada en el más amplio y común significado, no es un simple fenómeno psíquico, sino que es cualidad de sentir y ser sentido, en otras palabras, el percibir y ser percibido. Por tanto, la tradición y la sensibilidad, Gadamer y Rorty, son los pensadores expuestos en este breve comentario.
Gadamer señala que la tradición es una forma de autoridad, autoridad defendida por el romanticismo: “Lo consagrado por la tradición y por el pasado posee una autoridad que se ha hecho anónima, y nuestro ser histórico y finito está determinado por el hecho de que la autoridad de lo trasmitido, y no sólo lo que se acepta razonadamente, tiene poder sobre nuestra acción y sobre nuestro comportamiento.”1 El ser anónimo no significa que no tenga autor o que no haya alguien detrás de la tradición, en el mejor de los casos significa que es de todos y todas, de cualquier ser humano, sean de un pueblo escondido en Latinoamérica o de una ciudad africana. De ahí que al ser de todos por ser anónima tenga relación y ejerza fuerza y dinamismo, “poder”, sobre cada una de nuestras vidas, nuestra historia, nuestro acontecer. La tradición, en este sentido, también es comunidad de aprendizaje, por el hecho mismo de ejercer influencia en nuestro modo de actuar, de pensar, de ejercer un oficio o imaginar otro mundo. La tradición es el marco referencial que traemos con nosotros, nuestro cuadro de conceptos, el esquema desde el cual nos movemos. En otro modo, yo estoy determinado a ver, a pensar y a sentir desde un paradigma. Pero esto no es cerrado. Al decir lo anterior se entra al conflicto de la tradición y habrá quien la respete, quien no la respete y quien la rechace.
El que respeta la tradición parte de su esquema contextual, pero engendra innovación, ensancha la tradición, la enriquece y la recrea, no la desecha totalmente. Quien no respeta la tradición parte de su esquema conceptual, de su cosmovisión del mundo, pero para destruirla: violenta contra la tradición. Por otro lado, quien rechaza la tradición no toma en cuenta su historia, no ve el contexto, no ejerce reflexividad, va hacia lo novedoso y más reciente, anula la tradición. Es como en las culturas, habrá quien la respete, habrá quien no la respete por ser de otra cultura, y habrá quien siendo de esa cultura, traicione a su misma cultura.2 En este sentido, el trabajo de la inteligencia es expuesto.
Por un trabajo de la inteligencia, la tradición se presenta como una gran historia de relaciones, de comunicación y de identificación. Éste último concepto refiere a simpatía. La inclinación del ser humano hacia las realidades humanas hace que nos comuniquemos, que exista un disenso o un consenso, se haga el acuerdo o el desacuerdo. Al rechazar o recibir lo que otros dicen, rechazamos o recibimos sus inclinaciones o sentimientos. “La gente puede ser muy inteligente, en este sentido, sin tener grandes simpatías”, dirá Rorty.3 Hay una voz común que señala que la inteligencia es sinónimo de creación y renovación. Sin embargo, la inteligencia puede ser cerrada o abierta. La cerrada la relaciono con esos intentos del no respeto y del rechazo a la tradición. La abierta la relaciono con el respeto a la tradición.
Vamos ubicando el espectro en este sentido. Rorty habla de sensibilidad, sensibilidad que en palabras de él es “un aumento de la capacidad para responder a las necesidades de una variedad más y más extensa de personas y cosas”.4 Las palabras de Rorty refieren a una apertura de esa capacidad de ser sensibles, en otras palabras, de ejercer la simpatía misma, de ampliarla para beneficio de las personas con las cuales co-existimos, de aquellas de quienes somos contemporáneos. La apertura de la sensibilidad refiere a la apertura de la inteligencia, la cual refiere al respeto por la tradición. En el fondo inteligencia está ligada en su significación con sensibilidad. Para los medievales la inteligencia equivalía a percibir, tal como entiende Rorty sensibilidad y lo señalo en el primer párrafo del comentario. Por otro lado la tradición se presenta como un espectro vivo y al cual hay que volver para aprender. Ese modo de volver, que es un “resucitar” o “traer a la memoria”, es la inteligencia como apertura, la inteligencia abierta a lo que ya se ha dicho y que es transmitido por tradición para renovarlo, recrearlo, ensancharlo.
Estas distintas aperturidades que van de la sensibilidad al respeto de la tradición construyen un diálogo, conforman una comunidad de aprendizaje, confieren y resultan en un compromiso con los antepasados, con nuestros contemporáneos y con los que han de venir. No solamente es posibilidad de relación sino también es posibilidad de compartir y expresar sentido a otros. Gadamer y Rorty me son significativos para ejercer ese compartir mismo. Ambos pensadores ponen alto al rechazo y el no respeto a la tradición en el uso de la inteligencia como apertura, en el uso de la inteligencia abierta, en volver a la tradición por medio de la sensibilidad.
Esa apertura de nuestra inteligencia invita a no rechazar la tradición sino a renovarla e innovarla. En este sentido hay un cambio horizontal y otro vertical. El cambio horizontal ensancha y enriquece la tradición. El cambio vertical profundiza y añade algo novedoso, pero sin romper con la tradición. Gadamer con su concepto de tradición y Rorty con su noción de sensibilidad dan impulso al diálogo y a la comunicación, al mismo tiempo invitan al cambio horizontal y al cambio vertical de la tradición. No cierran ni amputan la comunicación sino que generan diálogo, relaciones entre un modo de percibir, entre unos esquemas de percepción y comprensión.
Tanto Gadamer como Rorty, desde sus diferentes quehaceres filosóficos recrean e innovan. Como filósofos con potencial, ambos pensadores expresan y señalan diversas pistas para rechazar lo rechazable, es decir, para pensar y reflexionar en pro de modos de pensar comprensibles-abiertos y no cerrados, en otras palabras, están sensiblemente abiertos. De ahí que siendo sensibles ante la tradición que los demás traen consigo, siendo simpáticos con otras tradiciones, idealmente habrá un respetar otras cosmovisiones diferentes, otros ideales, otras manifestaciones morales. Si Rorty piensa en ampliar la justicia y sensibilizarse para obtener progresos morales, y Gadamer en ser cautos ante un texto para comprender, ese ser cauto en la comprensión, y desechar opiniones erróneas y comprender mejor, entonces se llegará al sujeto que respeta la tradición y está sensiblemente abierto.
Notas:
- Hans-Georg Gadamer. Verdad y método I. Salamanca: Sígueme, 2003, p. 348.
- Los yaquis, pueblo originario del Estado de Sonora, México, tienen tres palabras para referirse al individuo y su relación con la tradición: yori, yoreme y torocoyori. El yori es referido como “el que no respeta la tradición”; el yoreme refiere a quien “respeta la tradición”; y el torocoyori refiere a quien “niega la tradición”.
- Richard Rorty, “Una ética sin obligaciones universales” en ¿Esperanza o conocimiento? Una introducción al pragmatismo. Buenos Aires: FCE, 1997, p. 91.
- Ídem.