El «ethos thumónico»: cómo Parménides nos enseña a decidir


Miguel Huerta

¿Cómo es que un filósofo que vivió hace más de dos mil años, en una región hoy casi olvidada del sur de Italia, todavía tiene algo que decirnos sobre cómo elegimos y por qué nos equivocamos? Esa fue la pregunta que me llevó, durante mi tesis de maestría, a pasar meses leyendo y releyendo el Poema de Parménides de Elea, y quiero compartir aquí, sin tecnicismos, lo que encontré. No es un misterio que vivimos bombardeados de información, opiniones y opciones; decidir se ha vuelto algo constante, casi automático, y sin embargo pocas veces nos detenemos a discernir de verdad. Elegimos, pero no siempre sabemos por qué elegimos así, ni si lo hacemos bien, y ese fue mi punto de partida: creo que no contamos con una base sólida que nos permita elegir adecuadamente, y sospeché que un filósofo tan antiguo como Parménides (a quien la mayoría conoce solamente como «el que dijo que el ser es y el no-ser no es») podía ofrecer algo útil para pensar este problema tan actual.

Parménides no fue un gran sistematizador como después lo serían Platón o Aristóteles. Nos quedan de él apenas algunos fragmentos, conservados por otros pensadores, de un poema filosófico donde una diosa le revela una verdad: hay cosas, existen cosas, y de ahí en adelante hay que pensar con todas sus consecuencias. Suena obvio, casi banal, pero justo ahí está el punto: muchas ideas filosóficas importantes nacen de examinar lo que dábamos por sentado. Parménides se detuvo donde otrxs no se detuvieron, y de esa «obviedad» extrajo una exigencia: si algo es verdadero, hay que sostenerlo hasta las últimas consecuencias, sin mezclarlo con su contrario.

Antes de llegar a Parménides, tuve que entender cómo pensaban los griegos anteriores a él (los de Homero) sobre la vida interior de las personas, y ahí aparece un concepto central para toda mi tesis: el thumós. El thumós es, a grandes rasgos, esa fuerza interior griega donde conviven el deseo, el impulso, la emoción y también la capacidad de decidir; no es solamente «coraje» ni sólo «voluntad», sino un poco de todo eso junto, algo que los griegos de su tiempo veían como parte activa de la persona a la hora de elegir un camino u otro. En mi tesis propongo traducirlo, para efectos éticos, como algo cercano al «temor y temblor» con que enfrentamos nuestras decisiones más importantes; esa mezcla de urgencia, riesgo y responsabilidad que sentimos cuando de verdad tenemos que elegir.

Uno de los hallazgos que más me marcó fue la manera en que Parménides describe el error humano. Según él, las personas estamos en una condición que podríamos llamar de «doble cabeza» (bicefalismo): tendemos a mezclar dos cosas que son opuestas (el ser y el no-ser) y a partir de ahí construimos opiniones vacías, que suenan bien, que son incluso placenteras y persuasivas, pero que no tienen fundamento en la verdad. Esto no es un defecto ocasional; para Parménides es casi una condición de fábrica del ser humano: estamos hechos de tal manera que, si no discernimos con cuidado, caemos fácilmente en el engaño de las palabras vacías. Y lo curioso es que ese «engaño» no siempre viene de afuera, muchas veces nos lo construimos nosotrxs mismxs, prefiriendo lo cómodo, lo fácil de creer. Dicho en el lenguaje de hoy: vivimos rodeados de discursos que suenan verdaderos, atractivos, hasta reconfortantes, pero que están vacíos por dentro, y distinguir entre un discurso verdadero y uno vacío es, para Parménides, el primer paso ético.

A partir de todo esto construyo lo que llamo el ethos thumónico: una manera de pensar la ética que pone en el centro no una lista de normas, sino la capacidad humana de discernir antes de decidir, dejándonos guiar por esa fuerza interior hacia el discurso verdadero y no hacia la comodidad del engaño. No es una ética de «lo que se debe o no se debe hacer» en abstracto, sino una invitación a habitar mejor el momento de decidir: reconocer que decidir cansa, que decidir sin discernir nos desgasta, y que hay un camino (el que traza Parménides) para descansar en la verdad en lugar de vivir en la ansiedad permanente de la elección.

Como señalé al inicio, vivimos, quizá más que nunca, en un estado permanente de decisión: qué consumir, qué creer, a quién seguir, qué compartir. La información nos llega sin pausa y decidimos todo el tiempo, muchas veces sin discernir realmente, y Parménides, sin haberlo imaginado nunca, describió con precisión esa fatiga. Su propuesta (bien leída, sin las interpretaciones que lo reducen a un filósofo del ser inmóvil y frío) no es la de un pensador ajeno a lo humano; al contrario, es un pensador profundamente interesado en las cosas humanas, en cómo discernimos, en cómo erramos y en cómo podríamos, con más cuidado, elegir mejor. Esa es, en el fondo, la apuesta de mi tesis: que un poema de hace 2500 años todavía puede ayudarnos a entender por qué decidir bien es tan difícil, y qué significa hacerlo con verdad.

Este texto resume a grandes rasgos mi tesis de maestría en Filosofía y Ciencias Sociales, «El ethos thumónico. Esbozo de una ética a partir del pensamiento de Parménides de Elea» (ITESO, 2023).


© Acción Ética — Espacio de análisis filosófico, crítica cultural y pensamiento político. Reproducción permitida citando la fuente.


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